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vineri, 19 septembrie 2014

Aberatii din "Spanglish" - cel care scrie «habrir» nu ar trebui sa termine facultatea



Escribir habrir es una falta de ortografía tan descabellada e inverosímil que parece un signo de rebeldía, como quien escribe okupa. Sin embargo, cuando una profesora de Hispánicas —letras— y otra de Agrónomos —ciencias— repasan en común mentalmente las faltas más habituales de sus alumnos aparece pronto el dichoso habrir. ¿Cómo llegan a una falta tan rocambolesca? Probablemente, conjeturan las docentes, porque no distinguen «habría» del verbo haber de «abría» (casi siempre escrito sin acento) de abrir. Los fallos ortográficos y de expresión son frecuentes en unos estudiantes que con esa ortografía no hubiesen pisado la Universidad. Los profesores reconocen que el panorama es desolador, pero pocos bajan la nota de un examen por la ortografía y la expresión — menos aún en las carreras de ciencias — y no existen reglas comunes para baremar este asunto en los departamentos de las facultades.





«Hay algo de verdad y algo de tópico. Si no hubiera sido por la métrica, el poeta podría haber dicho tal vez ‘cualquier ortografía pasada / fue mejor’. Antes había un sector de la población que no estudiaba y que apenas sabía escribir. Ese sector hoy ha accedido a la enseñanza y, por supuesto, escribe mejor», explica el académico Salvador Gutiérrez, que fue el encargado de coordinar la Ortografía de la lengua española, el polémico volumen de la RAE. «Sin embargo, los que antes estudiaban debían someterse a un largo y duro aprendizaje de corrección idiomática y, como consecuencia, su ortografía alcanzaba un nivel mucho más elevado que el que tienen los que, por ejemplo, acceden hoy a la Universidad».





«El problema no es solo de ortografía. También, o más, de prosodia. Es decir, la organización de la sintaxis: los puntos, las comas… Entiendo “baca”, pero puedo no entender el discurso si no se organiza bien. Es difícil de marcar, pero no se esfuerzan», plantea Flor Salazar, profesora de Filología Hispánica en la Universidad Complutense. «Por ejemplo, está muy de moda no poner las sangrías después del punto y aparte. Hemos copiado a los anglosajones y eso tenía su utilidad», prosigue. «Yo, cuando era pequeña, todos los días hacía una redacción. Y es lo que deberían de [sic] hacer ahora. Redacción, redacción, redacción. Recuerdo a una compañera de facultad que, hace 40 años, tuvo un cero por escribir “disminutivo”».




Amparo Medina Bocos, profesora jubilada de Lengua en secundaria, remarca también la importancia de las tildes. «No es lo mismo ‘revólver’ que ‘revolver,’ pero está socialmente mejor visto que escribir vailar. Hemos caído en la dejadez. En la calle lees cafeteria y antiguedades. Nada».



«Si un estudiante escribe que la toma de la Bastilla tuvo lugar en 1787 es probable que no obtenga un sobresaliente, aunque quizá tampoco un suspenso. Pero si escribe que la toma de la Bastilla tuvo lugar en 1987, o — como parece que escribió una vez cierto estudiante — que lo que tuvo lugar en 1789 fue la toma de la Pastilla, entonces no necesita una calificación, sino en rigor un aviso de que no ha llegado a ponerse en condiciones de ser calificado en un examen de Historia», opina José Luis Pardo, catedrático de Filosofía en la Complutense. «Creo que este es el mismo caso de las faltas de ortografía (cuando son graves): no es lo mismo si un alumno de primero de Filosofía escribe Witgenstein con una te de menos que si escribe el dever ser con uve. Hay que suspenderle, claro está. No hay otra manera de hacerle notar que no cumple las condiciones, pero conviene que se entere de que ha suspendido no por falta de conocimientos, sino por no reunir las condiciones previas necesarias para poder ser calificado. Es como si en la escuela de ingenieros se preguntasen si hay que ser exigentes en la construcción de puentes o si se debe levantar un poco la mano, aunque algunos viaductos se caigan a la primera ventolera».



Pardo modela a los próximos filósofos y José Manuel Sánchez Ron, en la Autónoma de Madrid, a los que un día serán físicos. Este cuatrimestre el académico de la Lengua ha decidido bajar la puntuación en Historia de la Ciencia, una asignatura optativa, por los fallos «aunque de una manera generosa; no condicionará su aprobado. He tomado esta decisión individual a la vista de que no conduce a nada decirles que presten atención porque saldrán mejor preparados». El primer día de clase, el científico les recuerda la importancia de escribir bien. «Les digo que no soy su colega y, por tanto, que no pueden escribir como un SMS a los amigos».



El inglés es la lengua franca en ciencias, pero se niega a que se escuden en el argumento de que lo importante es ser capaces de resolver las fórmulas y problemas. «Es la manifestación de un movimiento posmoderno. La ortografía no es un juicio relativo, es una ley absoluta», dice Ron.



Consensuar que se valore la forma y no solo el contenido de lo escrito no parece fácil. Hace una década un grupo de profesores de Hispánicas en la Complutense propuso al decanato un reglamento común al que ampararse ante las quejas estudiantiles, pero este adujo que el asunto no era de su competencia. «Debe bajarse la nota (incluso hasta llegar al suspenso) cuando se trata de faltas graves y/o muy reiteradas. No debería ser preciso ningún reglamento, como tampoco para ir a clase completamente vestido y calzado o no entrar en el aula con mascotas, y el simple decoro (el sentimiento de vergüenza ante el reproche común) debería bastar para que se inhibieran los infractores», sugiere Pardo. Aunque, realista, concluye: «Está claro que esto ha dejado de ocurrir, de modo que es preferible que haya una norma común, si fuera posible de Estado, porque esto sería lo más parecido a no tener que estar todo el rato advirtiendo lo que en realidad no haría falta advertir porque es de sentido común».



Que se lo digan a un profesor de un grado en Comunicación en una prestigiosa universidad pública española enfrentado a sus alumnos por su decisión de rebajar la nota con las faltas. Eso ha supuesto el suspenso de más de uno. «La culpa es de los alumnos, claro, pero también de los docentes. Rebajamos mucho el listón y obviamos la necesidad de subrayar que se debe escribir correctamente en cualquier caso, pero más en el nuestro, porque somos profesionales de la palabra», sostiene desde el anonimato. «Algunos alumnos te dicen que se tiene que valorar solo el conocimiento de la materia y no cómo se escriben las palabras porque para eso existen correctores. Pero en las redacciones apenas queda esa figura y ya no hay tiempo para corregir. Y, aunque los hubiera, no sería excusa».



Este docente esboza un presente y futuro negro en la Universidad: «La comunidad educativa tiene cada vez más miedo a imponerse. Los alumnos se atreven a decir y hacer cosas que en nuestra generación nunca habríamos hecho, y los profesores se asustan —en algunos casos— o, sencillamente, evitan los problemas porque, con la crisis, ven recortados sus ingresos, aumentado su trabajo y lo último que les apetece es enfrentarse a reclamaciones y quejas».



En la Comunidad Valenciana quieren ponerle coto a las faltas en las PAU (Pruebas de Acceso a la Universidad), eso sí, solo en las asignaturas de Lengua y Literatura II. En la Selectividad se rebajará hasta tres puntos por las faltas (0,25 por las grafías y 0,15 por las tildes), un descuento que llegará a los cuatro en 2015. El recorte es paulatino para dar tiempo a los institutos a que solventen el problema. La reforma de los planes de estudio del Ministerio de Educación prevé también reválidas al terminar la primaria y la secundaria. Dos pruebas externas que quizá obliguen al profesorado a hacer hincapié en la ortografía.



«Terminar con las faltas es complicado porque el resto de profesores consideran que es un tema de Lengua que no les compete y no bajan la nota», lamenta Javier López, periodista de formación y docente de Lengua en el instituto Serranía de Alozaina (Málaga). Existe también la queja inversa: ¿si no le suspende el de Lengua, cómo lo voy a hacer yo en Historia? «El español no es patrimonio de los profesores de Lengua. Es de todos. Y cada uno en su ámbito tiene que enseñar su léxico y en clase de Matemáticas no puedes dejar que un niño escriba hangulo. No puedes», razona Medina Bocos.



Hace tres cursos, López, de 37 años, comenzó a ser profesor de Lengua y Literatura y le sorprendió «una didáctica del siglo XIX en el XXI». En su opinión, para mejorar la ortografía «ya no sirve, como funcionó con generaciones anteriores, hacer dictados o copiar muchas veces una palabra mal escrita». Él mantiene contacto a través de las redes sociales con sus alumnos y les obliga a expresarse con corrección. «Cuando escribías una carta te esforzabas, aunque fuese a un amigo, porque era algo de lo que quedaba constancia y decía mucho de ti. Por eso quiero que entiendan que en Tuenti o en Facebook también se puede escribir bien y tienen que elevar el registro. La relación alumno-profesor no puede ser la misma que entre ellos». López saltó a los medios con su campaña Tu ignorancia me alimenta. «Por cada falta que le restaba puntos en el examen tenían que traer un producto si querían recuperar la nota», recuerda. Y así donaron 500 kilos de comida.



No todo son malas noticias. Hay una minoría muy preocupada por la lengua. Lo constatan en el departamento de dudas de la RAE, Español al Día, que recibe un centenar de preguntas diarias. «Cada vez más gente accede a la educación media y superior y un buen dominio de la herramienta lingüística es imprescindible para acceder a puestos de trabajo cualificados. También ahora hay más medios para obtener información y resolver cuestiones lingüísticas, como los diccionarios de dudas o servicios como el nuestro, que permiten a los hablantes obtener respuesta a sus preguntas sin tener que buscarla por sí mismos en manuales de gramática u obras de referencia, a menudo difíciles de entender y digerir», cuentan.



El descrédito del uso del lenguaje es tal que unas oposiciones a Policía Municipal en Las Palmas de Gran Canaria levantaron polvareda el año pasado por esta razón. Cien candidatos denunciaron ante el registro del Ayuntamiento la prueba ortográfica que solo aprobaron 17 de los 168 opositores. La prueba consistía en descubrir los fallos de 22 frases en 10 minutos. La cuestión es: ¿debe el Estado bajar el nivel requerido? «No es que las instituciones hayan de ser severas, sino justas», matiza Gutiérrez, también catedrático de Lingüística en la Universidad de León. «Los que desean acceder a un puesto de la Administración no solo han de conocer los asuntos que atañen a la plaza a la que concursa, sino también a la lengua en que se expresan. Si los policías tienen que redactar informes o levantar actas, han de demostrar en la oposición que pueden hacerlo de forma correcta».





El filósofo Pardo no da crédito: «Denuncian al Estado los infractores de la norma más elemental para la convivencia (el uso respetuoso y compartido de la lengua), pero si el Estado permitiese las infracciones, que es lo que sí sería un delito atroz y una dejación escandalosa, nadie pondría una denuncia. Todo un ejemplo de moralidad pública». Y se muestra categórico: «Los organismos no deben dejar de castigar a los infractores de la ortografía como no dejan de hacerlo con los infractores de las normas de tráfico».


(Especialidad de Neumonología del Hospital Universitario de Burgos).


Con la reforma educativa del ministro Wert, los alumnos de secundaria recibirán un 25 % más de clase de Inglés, Matemáticas y Lengua. Quizá entonces el drama de las faltas se acabe o, al menos, se aminore. De alcanzarse este objetivo, será el adiós al hit del momento: ola k ase.





Se + han = «san».

- El punto final no existe y las frases no arrancan con mayúsculas. Estas se usan indistintamente.

- «Haber» y «a ver» es el mayor quebradero de cabeza.

- Por contagio de la manera de escribir por móvil desaparece la "ch", que pasa a ser "x". Mucho es muxo.

- La "g" es hoy "w". Uno no es guapo sino wapo.

- Las palabras acortadas en los apuntes de clase —"tb" por también o "pq" por porque— se ven en los exámenes.

- Los términos se funden: derrepente, asique, osea.

- «Hecho» de hacer y «echo» de echar no se distinguen.

- Aparecen nuevas palabras como el gerundio tuviendo.

- Una "s" por una "x" (espectativas) y una "n" que no existe (transtorno).





Sursa: http://aberracionesespanglish.blogspot.com

miercuri, 10 septembrie 2014

20 atentados contra el idioma español cometidos por la jerga empresarial


20 atentados contra el idioma español cometidos por la jerga empresarial

No podemos negar la fuerte influencia del inglés en el español, particularmente en las áreas de tecnología y negocios.

Ya sea por moda o por la facilidad del inglés para expresar ciertos tipos de términos, terminamos diciendo IO (para orden de inserción o insertion order), brief y un montón más de anglicismos.

Si bien algunos de estos términos pueden resultar convenientes por su brevedad, en muchos casos suenan feos o raros tanto hablados como escritos.

Ahora bien, si el castellano ofrece buenos términos equivalentes para la vasta mayoría de la jerga empresarial que utilizamos a diario, ¿por qué debemos sacrificar expresarnos correctamente en nuestro idioma?

Pues con el propósito de defendernos contra estos atentados contra el buen castellano, identificamos varios “falsos amigos” de jerga inglesa —ya sea de origen empresarial o bien coloquial— que se han colado en nuestro idioma, junto con sus equivalentes correctos en español. 

Aplicar 
Debido a la influencia de apply, se emplea para indicar que uno está solicitando un puesto en una empresa cuando solicitar es el verbo correcto.

Atachar

Por alguna razón se utiliza para decir anexar un documento o una foto a un mensaje. Quienes defienden el uso de este término deben ir a revisar sus “roofos” a ver si hay “liqueos”.

Background 

Aquí las palabras “formación” o “experiencia” funcionan perfectamente bien: “Necesitamos a alguien con formación técnica”.

Benchmark

Como sustantivo, se trata de un punto de referencia a partir del cual se puede medir algo, como un índice de clics promedio para cierto tipo de anuncio en línea. Como verbo, se trata de realizar una comparación entre el punto de referencia y otro valor. Puede ser entre diferentes valores o entre diferentes compañías, en que se establece una como punto de referencia. En todo caso, punto de referencia sirve bien en lugar de benchmark como sustantivo y “comparar” funciona bien si se usa la palabra como verbo.

Branding 

Creación de marca significa lo mismo e incluso expresa mejor la acción que la palabra inglesa. Otra alternativa podría ser desarrollo de marca, particularmente cuando se refiere a un conjunto de acciones promocionales que establecen una identidad corporativa para dar como resultado mayores ventas.

Customización o customizado

Anglicismo derivado del inglés (customization o customized), lo cual significa “personalización” si se habla del proceso y “personalizado”. También puede decirse “hacer a la medida” o “adaptar al gusto del cliente”.

Enfocarse 

Derivado de focus en inglés. En español es “enfocar” (no es reflexivo) significa hacer que una imagen producida en el foco de una lente se recoja, centrar en el visor de una cámara fotográfica una imagen que se quiere obtener o proyectar un haz de luz sobre un punto determinado. Otro significado: dirigir la atención hacia un asunto desde unos supuestos previos, es decir, enfocar un problema. Pero cuando alguien te dice, “Quiero que te enfoques en incrementar las ventas en México”, realmente debe decirte “Quiero que te centres en incrementar las ventas en México”.

Granular

En negocios, significa “bien detallado”, como un análisis sumamente detallado. En realidad, en español significa reducir una masa a gránulos, desmenuzar algo en granos muy pequeños o puede referirse a la erupción de granos y de las cosas en cuyo cuerpo se forman granos.

In-house

Si se trata del personal de la empresa, puede ser el personal interno. Si se trata de un adverbio (manejamos tales procesos in-house), puede decirse internamente.

Laptop

A fin de cuentas, se trata de una computadora portátil, entonces lógicamente debemos usar ese par de palabras en lugar del anglicismo.

Marketing

Me encuentro entre la multitud de los autores de este atentado, cuando mercadotecnia es un equivalente perfectamente aceptable y correcto.

Offline

Cuando se usa para referirse a medios, la frase “medios tradicionales” comunica el mismo concepto sin recurrir al anglicismo. Si se trata del opuesto de en línea, “fuera de línea” —si bien no ha sido reconocido por la Real Academia Española— funciona mejor que el anglicismo.

Posicionar

En mercadotecnia se utiliza para describir el proceso de situar una marca en la mente de un consumidor, pero según la Real Academia Española (RAE) este verbo sólo significa “tomar posición”. Otro anglismo, en este caso derivado del verbo “position”.

En este caso, “position” es mas bien una metáfora porque lo que realmente se está haciendo es crear una imagen para una marca, por lo que esta última frase tal vez sea una alternativa aceptable. Por otro lado, hay que reconocer que este anglicismo no suena tan feo como los otros y a lo mejor su significado coloquial será aceptado por la RAE.

Propietario

Se usa para indicar que un programa de computación pertenece a una empresa particular. Se deriva del inglés (propietary) y se  puede evitar este anglicismo al decir “patentado.”

Ranking

A fin de cuentas, se trata de una clasificación de algo, por lo que se debe usar “clasificación” en lugar del anglicismo.

Rating

Otro anglicismo común en la industria de medios pero el término correcto sería índice de audiencia. 

Récord

Batir la marca es la frase correcta, no romper el récord, a pesar de los titulares que vemos en los medios que indican que en tal país se rompió el récord de ventas de autos, por ejemplo.

Stand

Se usa para referirse a una caseta, pabellón o puesto que monta una empresa en una feria o conferencia con el fin de promocionarse. La palabra inglesa es popular a pesar de que existen 3 sinónimos en español para esta palabra.

Target

Público objetivo o mercado objetivo son alternativas aceptables que nos permite evitar el anglicismo, al igual que segmento de mercado. Cuando se utiliza como verbo, “dirigirse hacia” funciona bien para evitar el espantoso “targetear”.

Testear

Otro anglicismo espantoso que ha surgido a pesar de que “poner a prueba” funciona perfectamente bien en este contexto.

Fuente: http://latinlink.usmediaconsulting.com

Cuvinte straine utilizate excesiv de vorbitorii de limba spaniola


Que estamos en default, que nos sacamos una selfie, que nos lookeamos... Cada vez más anglicismos se incorporan al habla, pese a que tienen sus equivalentes en español.



En las últimas semanas se ha escuchado en repetidas ocasiones hablar del default y de los holdouts, pese a que existen los equivalentes en castellano: cesación de pagos y fondos ‘buitres’.

Claro que esto no debería sorprender si se piensa en que muchas personas se sacan una selfie (autofoto) con su personal trainer (entrenador personal), prefieren leer un e-book (libro electrónico) porque no hay stock (existencias) de su autor favorito en papel, y se lookean (arreglan) para ir a un happy-hour (2x1 en tragos).

En ciertos ámbitos, en particular los ligados a la tecnología, la utilización de extranjerismos es muy común.

Se habla de e-mails, aunque se podría optar por correo electrónico; de apps, cuando existe la palabra aplicaciones; de linkear, que equivaldría a pegar un enlace; y de postear; que es publicar en una red social.

En la mayoría de estos casos, los hablantes podrían objetar que la construcción en castellano es más extensa o demanda un rodeo. Pero este argumento no explica por qué se utiliza newsletter en lugar de boletín.

La profesora y licenciada en Letras, María del Rosario Ramallo, detalla que existen dos tipos de extranjerismos. Unos son los denominados crudos, términos que se toman sin modificarlos de la lengua de origen, como software y hardware. Los otros son adaptados, es decir, se incorporan como un préstamo y se ajustan, tal como ocurre con pádel (del inglés paddle) o estrés (de stress).

Ramallo comenta que tanto el hablante como el oyente creen que el extranjerismo es más prestigioso que el vocablo de su propia lengua. Esto se ve favorecido, además, por la globalización. Pese a eso, indica que la Asociación de Academias de la Lengua Española -que incluye a 22 en todo el mundo- recomienda que, cuando existe un equivalente en castellano, se recurra a éste. Y cuando se utiliza uno en un texto escrito, se lo distinga con cierta tipografía.

Una cuestión de poder

El sociólogo Enrique Bolatti comentó que el uso generalizado de términos como default o holdouts responde a que las personas que hablan sobre estos temas son economistas vinculados a las finanzas internacionales y organismos como el FMI. Por eso, recurren a anglicismos, que muchas veces no son traducidos al castellano cuando se difunden las noticias.

Esto lleva, incluso -señala con ironía-, a que muchos se cuestionen si se está en default o no, cuando responder esta pregunta sería más sencillo si se hablara de cesación o suspensión de pagos. Bolatti considera que el uso de estos términos difíciles no se debe a que no existan equivalentes en castellano, sino a que marcan una distancia social entre los especialistas y el vulgo, y que por eso se trata de una cuestión de poder.

Para ilustrarlo, comentó que los médicos suelen recurrir a terminologías complejas. Así, cuando su hija se quemó el brazo con agua caliente, el médico le dijo que se podía edematizar, en vez de decirle que era esperable que se le hinchara la mano.

Otro factor relacionado con esta distancia social es que el especialista parece saber más cuando usa palabras difíciles y eso le permite cotizarse. En este sentido, Bolatti planteó que si una persona se dedica a hacer un entrenamiento no puede cobrar lo mismo que si ofrece un coaching.

Lengua viva y pereza

La traductora pública de Inglés, Claudia Martel, señala que la mayoría de los anglicismos provienen del área técnica, científica y deportiva. También, que los jóvenes son los principales vehículos de la penetración de los extranjerismos, tal vez por la necesidad de seguir las nuevas tendencias.

Pero opina que cuando se trata de textos producidos por profesionales (traductores, periodistas, científicos, etc.), hay que atenerse a las normas de la Real Academia Española para asegurar la calidad y la comprensión en todos los territorios de habla hispana.

“Los políticos hablan de defoltear (entrar en cesación de pagos) la deuda o de negociar con los holdouts (acreedores inflexibles).

Tengo unos amigos que están haciendo el curso para ser coach (orientador/experto en desarrollar habilidades). Me pregunto: ¿es necesario? Mi respuesta es ‘no’. ¡Pero qué largo es decirlo en español...!

Tenemos pereza de usar lo que debe usarse”, bromea Martel, aunque aclara que la lengua está viva y evoluciona, por lo que se pueden aceptar cambios cuando el uso lo impone.

Defender el castellano

La profesora y licenciada en Letras, María del Rosario Ramallo, es también docente en el Traductorado de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNCuyo.

En este ámbito en particular, detalla, intenta que los alumnos adquieran conciencia de que deben defender el castellano. Y para que lo comprendan, comienza sus clases explicándoles que, actualmente, el español es la segunda lengua hablada en el mundo.

Según el anuario 2012 del Instituto Cervantes (institución pública española de promoción y enseñanza de la lengua), el español, con más de 495 millones de hablantes, pasó a ser la segunda lengua del mundo después del chino.

Pero además, el castellano es el segundo idioma de comunicación internacional tras el inglés y ocupa la misma posición en Internet.

Fuente: http://www.losandes.com.ar
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